Siempre me ha parecido fascinante la capacidad del artista de la palabra para describir lo cotidiano con tanta fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Ese arte de decir sin decir, pero aun así diciendo. En cada verso hay un universo que se abre, y eso quedó muy claro en el pasado X Festival Internacional de Arte y Literatura de Santa Ana, organizado por el Departamento de Proyección Social de la Universidad Autónoma de Santa Ana.
Tuve el gusto de compartir con poetas y escritores invitados a esta edición, y entre las conversaciones, lecturas y convivencias, es imposible no interesarse por sus perspectivas, sus formas de mirar el mundo y de narrarlo. Las letras, como puente, nos conectan con otras realidades y también con lo más íntimo de nosotros mismos.
Entre esas voces estuvo la de Astrid Arboleda Fernández, poeta colombiana, cuya obra me sorprendió por su capacidad de evocación sensorial y simbólica. Uno de sus poemas, titulado “Olor a casas”, fue una de esas piezas que se quedan rondando en la memoria. En él, a través de la sensación olfativa, Astrid construye imágenes potentes que nos llevan por distintos paisajes emocionales vinculados a la casa: ese espacio universal, pero profundamente personal e íntimo.
Desde aromas que remiten a flores, a lucha, a abandono o a pan recién horneado, el poema se convierte en un inventario íntimo de memorias, duelos, rutinas y afectos. Leerlo es entrar en muchas casas, quizás también en la nuestra, y reencontrarnos con lo vivido o lo imaginado.
Aprovechando esta ventana de palabras, este espacio “Entre líneas y versos”, me permito compartir con ustedes el poema completo, como una invitación a leer con el olfato, la emoción y la memoria.
Astrid Arboleda Fernández
OLOR A CASAS
¿Las casas huelen?
Las hay que huelen a jazmín,
a fragancia de otras flores.
A encanto sublime de mujer,
a hombre enamorado.
Casas malolientes a velorio,
a dolor encerrado
que vuelve a la misma tierra.
Las hay de sordas paredes
que acallan
voces de niños
en el hambre.
Otras a lavanda,
a sudor de lucha
y a ropa sin lavar.
Algunas huelen
a misterio de rincón,
a miseria y espanto.
Otras huelen
a ancestros,
sabios y brujos,
a grato amparo.
Las hay abandonadas,
ellas mismas desplazadas
por los que huyeron del dolor.
Huelen a soledad,
a moho,
a ausencia.
Las hay que huelen a eucalipto,
a ramitas de albahaca
y de laurel.
Muchas a orín de perro…
sus amos
solitarios en la ventana.
¡Ah!… y tantas
a tinto humeante,
con aroma a chocolate
y arepa en asador;
a sopa caliente,
a pan recién horneado
y a familia presente.
Otras huelen a piña
y a arazá,
a dulce de guayaba,
a niño nuevo
y a sándalo.
Casas, todas,
huelan a lo que huelan,
desde la gruta al bohío,
el castillo o la maloca,
aroman de serenidad
y embalsaman de luz
los dinteles de la vida.

Espacio cultural: “Entre líneas y versos”
Un proyecto de Arte y Cultura de UNASA.
Escrito por Lcdo. Abraham Rodríguez.
Poema: Astrid Arboleda Fernández, Colombiana.
