Escrito por: Lcda. Karla Xiomara Blanco Juan, Docente tiempo completo de la Escuela de Nutrición de UNASA.
El retorno de personas adultas mayores tras años de migración plantea desafíos sociales. Familiares e institucionales que muchas veces pasan desapercibidos. ¿Estamos preparados como sociedad para brindarles el sostén que merecen? Hace unos meses, diversas entidades nacionales y de cooperación internacional se reunieron en un conversatorio para abordar la importancia de las redes de apoyo familiar de este proceso. Participaron instituciones como el Ministerio de Salud, CONAPINA, COAIPD, Migración y Extranjería de El Salvador (DGME/GAMI), Instituto crecer Juntos y Diario El Salvador, quienes profundizaron en la situación para prevenir el abandono y la exclusión, y las propuestas interinstitucionales para integrar el cuidado comunitario y el apoyo psicosocial.
Desafíos del retorno en la vejez
Muchos adultos mayores retornan tras décadas fuera del país, enfrentado enfermedades crónicas, desarraigo familiar y cambios sociales profundos. En algunos casos, ni siquiera conocen personalmente a sus familiares, pues emigraron cuando estos eran muy pequeños. (OIM, 2024) ¿Cómo se reintegran a una sociedad que ha cambiado sin ellos? ¿Qué impacto tiene en su salud física y emocional volver a un entorno que les resulta ajeno?
Este grupo población, definido como personas de 60 años a más, suelen regresar en una etapa de vulnerabilidad, con necesidades especificas de atención médica, apoyo emocional y redes de cuidado que muchas veces no están disponibles o han sido fortalecidas.
El rol de las instituciones
Las instituciones gubernamentales y organizaciones sociales tienen la responsabilidad de articular esfuerzos para garantizar un retorno digno y humano. Migración y extranjería, por ejemplo, trabaja directamente con personas retornadas, brindándoles albergues temporales, localización de familiares o conocidos responsables, y canalización hacia organizaciones como FUSATE para salvaguardar su integridad.
La atención psicológica se ha convertido en un eje fundamental de este proceso, reconociendo que la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino el bienestar físico, emocional y social que debe ser garantizado ante situaciones de vulnerabilidad.
Marco jurídico y protección de derechos
Desde enero del 2021, El Salvador cuenta con un marco jurídico que vela por los derechos de las personas adultas mayores, ratificado por la Asamblea Legislativa. Sin embargo, este marco normativo no ha alcanzado la visibilidad que merece, en contraste con otras leyes como la Ley Crecer con Cariño.
Es urgente que como sociedad reconozcamos el valor de este grupo poblacional, que goza de igualdad de derechos en todos los ámbitos. Las personas adultas mayores deben ser vistas, escuchadas, amadas y respetadas por el gran legado de enseñanza que pueden ofrecer a las nuevas generaciones.
Educación y cultura de respeto
Las instituciones educativas, especialmente las de educación superior, tienen un rol clave en la transformación cultural. La inclusión de contenidos sobre envejecimiento y atención gerontológica en las mallas curriculares permiten formar profesional sensibles y comprometidos con la protección integral de las personas adultas mayores.
Durante el evento mencionado al inicio de este artículo, la Dra. Nidia Cañas, geriatra y responsables del componente del adulto mayor en el Ministerios de Salud: destacó “El buen trabajo articulado de todas las instituciones permiten el pleno cumplimiento de los derechos de las personas adultas mayores”.
Además, los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la trasmisión de valores hacia este sector vulnerable, promoviendo una cultura de respeto que enseñe a las nuevas generaciones a dirigirse a las personas mayores con dignidad, evitando términos peyorativos como “viejo” o “abuelo” y utilizando su nombre con respeto.
Por lo que reconocer, respetar, proteger a las personas adultas mayores retornadas no es solo una responsabilidad institucional, sino un deber ético como sociedad. Su experiencia y sabiduría son pilares para construir un país más justo, humano y solidario. Promover su inclusión, garantizar sus derechos y fortalecer las redes de apoyo es una tarea que nos involucra a todos.
