Escrito por: Lcda. Elia Guadalupe Aguirre, Coordinadora de Postgrados área de exalumnos, UNASA.
Con frecuencia se señala que los recién graduados enfrentan grandes barreras para ingresar al mundo laboral; sin embargo, desde la experiencia en la intermediación laboral aparece una realidad menos comentada: en ocasiones, las oportunidades laborales existen, pero no siempre encuentran la disposición necesaria para ser aprovechadas.
Constantemente las diversas instituciones, organizaciones y programas laborales trabajan para conectar con talentos profesionales. Se gestionan vacantes, se organizan ferias de empleo, se orienta a los candidatos y se facilita el proceso de contacto con las empresas. No obstante, en muchos casos estas oportunidades no logran captar el interés esperado por parte de los recién graduados.
En muchos casos, el apoyo económico enviado por familiares en el exterior permite que los jóvenes prolonguen su permanencia en el sistema educativo o retrasen su ingreso al mercado laboral.
Aunque el apoyo económico puede facilitar el acceso a estudios universitarios, también genera dependencia económica, por lo que incorporarse a un trabajo formal deja de ser una prioridad, especialmente cuando las familias toman el título universitario como una movilidad social y no laboral.
Según investigaciones sobre “trayectorias universitarias”, muestran que los estudiantes permanecen matriculados por largos periodos sin mostrar avances en sus planes de estudio, este fenómeno se conoce como “persistencia”, en el que los jóvenes universitarios continúan inscritos durante largos años sin completar su plan de estudios.
La dependencia económica familiar y trayectorias educativas prolongadas pueden ser parte de un desfase entre las expectativas de los estudiantes y la realidad del mercado laboral.
Las condiciones del mercado laboral, pueden influir en el tiempo de graduación. Algunos estudiantes retrasan su graduación o prolongan su permanencia en la universidad cuando perciben condiciones laborales desfavorables, esperando mejores oportunidades antes de ingresar al mercado de trabajo (Finamor, 2023).
La expectativa salarial es un factor que influye ante esta situación con algunos jóvenes que ingresan al mercado laboral, aunque este es un factor comprensible, también es necesario reconocer que la etapa inicial de la vida profesional suele estar marcada por el aprendizaje, la experiencia y el desarrollo de habilidades que solo se obtienen con el tiempo y la práctica. Pretender iniciar una carrera profesional con salarios muy elevados, sin haber acumulado experiencia previa, puede limitar las oportunidades reales de inserción laboral.
Resulta preocupante observar que, incluso cuando existe un mediador que acerca las vacantes y simplifica el proceso de aplicación, la respuesta de muchos graduados continúa siendo baja. En algunos casos, las convocatorias no reciben postulaciones suficientes; en otros, los candidatos abandonan el proceso antes de finalizarlo. A ello se suma el factor: altas pretensiones salariales, que muchas veces no corresponden con el nivel de experiencia o con las condiciones propias de los puestos laborales.
Dicha situación invita a reflexionar sobre la importancia de fortalecer la cultura del esfuerzo, la construcción gradual del profesional y la adaptación del entorno laboral; iniciar desde puestos básicos no debe interpretarse como fracaso, sino como una etapa en el crecimiento laboral.
La empleabilidad no depende únicamente en generar más vacantes, requiere fomentar en los profesionales una actitud positiva y una mayor disposición a las oportunidades laborales, además de crear expectativas con la realidad del mercado.
Diversos estudios señalan que la empleabilidad no se define únicamente por la disponibilidad de puestos de trabajo, sino por la capacidad de acceder, mantenerse y progresar en un empleo, adaptándose a contextos laborales cambiantes y NTIC’S.
Al mercado laboral ingresan cada año más de 45,000 jóvenes, muchos de ellos recién graduados de sus estudios superiores, sin embargo, la informalidad laboral sigue manteniendo un alto nivel.
En El Salvador, casi el 48.4 % de las personas desempleadas corresponde a jóvenes entre 16 y 29 años, lo que evidencia que la transición entre estudios y empleo continúa siendo uno de los principales desafíos (Banco Central de Reserva de El Salvador [BCR], 2025).
Al final, la inserción laboral es un camino de doble vía: las empresas deben abrir espacios para el talento joven, pero los jóvenes también deben estar dispuestos a dar el primer paso.
