Estudiantes de diferentes carreras UNASA participaron en talleres simultáneos con artistas internacionales durante el 11° Festival Internacional de Arte y Literatura de Santa Ana.
La poesía se volvió un juguete. La fotografía dejó de ser solo un botón que se presiona. Y la memoria de la infancia, una herramienta para sanar. Eso ocurrió este jueves 23 de abril en el campus de la Universidad Autónoma de Santa Ana, donde nueve talleres simultáneos reunieron a estudiantes de distintas carreras con artistas internacionales.
En el marco del XI Festival Internacional de Arte y Literatura de Santa Ana, la comunidad universitaria vivió una jornada de formación distinta a las habituales. No hubo exámenes ni calificaciones. En su lugar, los participantes aprendieron a observar, a versificar, a usar el cine comunitario como herramienta cultural y a convertir las emociones en poesía.
Clara Martínez, estudiante de segundo año de la Licenciatura en Comunicación Digital Multimedia, asistió al taller de fotografía. Salió con una mirada transformada. “Me di cuenta que la fotografía no solamente es presionar el botón y capturar la imagen, sino también capturar ese momento, capturar la emoción, la vitalidad y la humanidad que existe en todas las personas que salen en la foto”, contó. Para ella, la experiencia fue una sola palabra: “Artística”.
En otro salón, Franklin Franco, estudiante de doctorado en medicina, participó en el taller de Princesa Hernández, titulado “Poesía para soñar: botiquín de emergencia para el alma”. Lo que vivió allí lo marcó. “Aprendimos a sanar quizás recuerdos que teníamos cuando éramos pequeños”, relató. “También nos ayudó a tener más humanización a la hora de hablar con las personas, porque a veces nos expresamos y no sabemos si les podemos estar haciendo daño”.
Para Franco, formar a un profesional de la salud no es solo cuestión de técnica. “Cuando elegimos una carrera, estamos tratando con personas, no con cosas que no tienen vida”, afirmó. Y calificó la experiencia como “inolvidable”.
Uno de los invitados internacionales que generó expectativas fue Paco Rubín, poeta escénico proveniente de Puebla, México. Su propuesta se llama “ludoliteratura”: una apuesta donde la palabra juega y la gramática es parte del espectáculo. Trajo consigo su libro “Cubo Rubik’n”, descrito como “una poesía tridimensional, un juguete poético”.
“Me siento feliz. Son muchas emociones positivas”, dijo Rubín. “Llegar a un país siempre es emocionante, y más allá de llegar a El Salvador es llegar con gente cálida, con gente hospitalaria. Ha sido maravilloso. Los participantes de los talleres, el público, han sido muy entregados”.
Rubín no escatimó elogios para la universidad anfitriona. “Quiero felicitar a la universidad por esta gran labor que hace. 44 años de la universidad son el resultado de un compromiso, de una entrega, de pasión, y esto se ve reflejado en cada uno de los rincones”, expresó. Y confesó: “Me he sentido como en casa. No quiero que llegue el día de la partida”.
Los talleres se desarrollaron en diversos espacios del campus, desde salones de clase hasta el Wellness Center y la biblioteca. Temas como los arquetipos en el Caribe Hispano, el cuento en la literatura latinoamericana y el realismo poético de Salvador Díaz Mirón fueron abordados por talleristas de varias nacionalidades.
El festival, que comenzó el 20 de abril y se extiende hasta el viernes 24, ha llevado el arte a fundaciones de adultos mayores, centros escolares y ahora al corazón del campus. Para los estudiantes, la semana cierra con una lección que trasciende el aula: el arte no es un lujo, sino una forma de mirar, de sanar y de jugar.
