Desde la orientación vocacional y el acompañamiento psicológico hasta las becas universitarias y la inserción laboral, el Programa Oportunidades de la Fundación Gloria Kriete acompaña a jóvenes con recursos limitados en distintas etapas de su formación. Sus participantes destacan cómo la experiencia ha influido en sus decisiones académicas, su desarrollo personal y sus expectativas profesionales.
Elegir una carrera universitaria, superar las dificultades económicas y encontrar el propio camino profesional son algunos de los desafíos que enfrentan los jóvenes al construir su futuro. Para quienes forman parte del Programa Oportunidades, de la Fundación Gloria Kriete, ese proceso ha estado acompañado por formación académica, orientación vocacional y herramientas para desenvolverse dentro y fuera del aula.
Desde su creación en 2007, el programa busca ampliar las oportunidades educativas de jóvenes salvadoreños, especialmente de quienes cuentan con recursos económicos limitados. Su propuesta combina formación académica, desarrollo de habilidades técnicas, educación en valores y acompañamiento para facilitar el acceso a estudios superiores y al empleo.
La iniciativa se desarrolla en dos fases. La primera prepara a estudiantes de entre 14 y 16 años mediante contenidos como inglés, programación, robótica, orientación vocacional, formación ciudadana y preparación para el empleo. La segunda contempla becas para estudios superiores, acompañamiento académico y capacitación para la empleabilidad.
Sin embargo, el alcance de este proceso también se refleja en las decisiones y experiencias de quienes han pasado por el programa.
La orientación vocacional como punto de partida
Para una de las jóvenes entrevistadas, estudiar Comunicación era una meta que deseaba alcanzar desde antes de ingresar a la universidad. Su interés por el periodismo, la creación de pódcast y la producción de contenido publicitario forma parte de sus aspiraciones profesionales.
En su experiencia, el acompañamiento recibido le permitió reconocer sus intereses y mantener el rumbo pese a las dificultades para organizar el tiempo y cumplir con las responsabilidades académicas.
La joven también reconoce que el proceso ha implicado cambios personales, especialmente en la confianza en sí misma y en la manera de afrontar los obstáculos.
Otro de los testimonios destaca el papel de la orientación vocacional para tomar decisiones sobre el futuro. Una participante que ingresó al programa en 2022, cuando cursaba noveno grado, explicó que inicialmente imaginaba su vida universitaria de una manera distinta. El acompañamiento recibido le permitió identificar su interés por la Comunicación y elegir una carrera relacionada con sus habilidades y pasiones.
La formación también incluyó apoyo psicológico, técnicas de estudio y herramientas para gestionar las emociones. Según relató, estos recursos fueron especialmente importantes durante el bachillerato, cuando estuvo cerca de abandonar el programa.
La experiencia, explicó, le ayudó a desarrollar mayor empatía, resiliencia y responsabilidad, además de mejorar su capacidad para trabajar en equipo y organizar sus actividades académicas.
De la formación académica al mundo laboral
Los aprendizajes adquiridos durante el programa también tienen repercusiones después de la etapa escolar. Una exintegrante, perteneciente a la promoción de 2020, relató que enfrentó dificultades durante la pandemia, cuando las clases pasaron a una modalidad completamente virtual y los recursos tecnológicos disponibles le dificultaron la adaptación.
Pese a esas limitaciones, logró continuar con su formación. Posteriormente, durante su etapa universitaria, participó en un proceso de selección que le permitió estudiar un semestre en Estados Unidos, experiencia que amplió su perspectiva sobre las distintas realidades sociales.
Actualmente trabaja en el área de mercadeo de una empresa originaria de Santa Ana que presta servicios a compañías estadounidenses. Desde esa experiencia, reconoce que la formación recibida le abrió oportunidades laborales y le permitió comprender la importancia de continuar aprendiendo, incluso después de finalizar los estudios universitarios.
«No hay mejor inversión que hacerlo en uno mismo», expresó al reflexionar sobre las decisiones que requieren esfuerzo y perseverancia.
Su experiencia también está vinculada con uno de los principios del programa: devolver a la sociedad parte de las oportunidades recibidas. Entre sus aspiraciones está acompañar a jóvenes que todavía no tienen claro qué carrera elegir y ayudarles a reconocer sus habilidades e intereses.
Una formación que trasciende las aulas
El Programa Oportunidades busca que los jóvenes no solo adquieran conocimientos académicos, sino también herramientas para enfrentar situaciones personales, relacionarse con otras personas y responder a las exigencias del entorno laboral.
En su segunda fase, la iniciativa trabaja con 16 universidades aliadas para facilitar becas de estudios superiores, tanto para carreras universitarias de larga duración como para programas técnicos. También incorpora acompañamiento mediante coaches y una certificación de empleabilidad denominada Workeys, orientada al desarrollo de habilidades técnicas y blandas.
Las experiencias compartidas muestran distintas etapas de ese recorrido: desde descubrir una vocación durante el bachillerato hasta superar dificultades educativas y abrirse camino en el mercado laboral.
Para quienes han formado parte del programa, la oportunidad no termina con una beca o un título. También implica reconocer las capacidades propias, ampliar las posibilidades de futuro y encontrar formas de compartir con otros lo aprendido durante el camino.
c)| Redacción: Andrea Escobar/El Cénit.
