Más allá de los escenarios, el grupo de teatro universitario se ha convertido en un espacio de crecimiento personal y artístico. Su próxima producción, En el desván de Antonia, marca la celebración de un nuevo aniversario.
Desde las representaciones dedicadas al dios Dioniso en la antigua Grecia hasta las puestas en escena contemporáneas que abordan problemáticas sociales, el teatro ha sido una de las expresiones artísticas más influyentes de la humanidad. Además de entretener, ha servido para transmitir conocimientos, cuestionar realidades y fortalecer la identidad cultural de las sociedades.
Esa tradición continúa viva en la Universidad Autónoma de Santa Ana (UNASA) a través de GRUTA, el grupo de teatro universitario que forma parte de la Coordinación de Arte y Cultura. Integrado por estudiantes de distintas carreras, este espacio extracurricular busca desarrollar habilidades artísticas, comunicativas y sociales mediante la práctica escénica.
Para el licenciado José Abraham Rodríguez Cruz, coordinador de Arte y Cultura de la universidad, GRUTA representa una oportunidad para complementar la formación académica desde una perspectiva humana.
«Lo que representa es un espacio dentro de una dinámica académica formal que UNASA ya brinda y, además, ofrece oportunidades de desarrollo personal que considero muy importantes», expresó.
Rodríguez explicó que el teatro permite fortalecer competencias como la comunicación, el trabajo en equipo, la creatividad y la expresión personal, habilidades que resultan útiles para cualquier profesión.
Uno de los aspectos que más destaca del grupo es la diversidad de perfiles que participan en él. Aunque suele asociarse el teatro con personas extrovertidas, la experiencia ha demostrado que muchos estudiantes introvertidos encuentran en este espacio una oportunidad para desarrollar confianza y mejorar sus habilidades sociales.
«Hay muchos perfiles introvertidos que buscan estos espacios porque quieren desarrollar habilidades de comunicación y habilidades sociales», comentó.
A través de ejercicios actorales, montajes escénicos y dinámicas grupales, los integrantes enfrentan retos como la memorización de guiones, la construcción de personajes y el dominio de la expresión corporal. Sin embargo, coinciden en que esas experiencias terminan fortaleciendo su seguridad, su capacidad para trabajar en equipo y sus relaciones con estudiantes de otras carreras.
Una obra que conecta con la identidad cultural
Actualmente, GRUTA prepara el montaje de En el desván de Antonia, obra de la reconocida dramaturga salvadoreña Jorgelina Cerritos, cuya presentación está prevista para finales de julio como parte de la celebración del aniversario del grupo.
La elección de esta pieza tiene un significado especial. Cerritos es una de las dramaturgas salvadoreñas con mayor reconocimiento nacional e internacional, y esta obra forma parte de las producciones que consolidaron su trayectoria dentro del teatro contemporáneo.
Sobre el mensaje que transmite la puesta en escena, Rodríguez explicó que invita a reflexionar sobre la infancia salvadoreña y latinoamericana.
«Es un recordatorio de las dinámicas de la niñez salvadoreña y, yo diría, de la niñez latinoamericana», afirmó.
La historia recurre a la imaginación y al juego para abordar experiencias propias de la infancia, al tiempo que plantea reflexiones sobre los roles sociales y las vivencias que acompañan el crecimiento.
Además de acercar a la comunidad universitaria a la dramaturgia nacional, la producción busca despertar el interés por las artes escénicas y promover el valor de la cultura como parte de la formación integral de los estudiantes.
En una época marcada por la inmediatez de los contenidos digitales, espacios como Gruta ofrecen una alternativa para desarrollar la creatividad, la sensibilidad y la capacidad de comunicar desde el arte. La presentación de En el desván de Antonia, prevista para finales de julio, será también una oportunidad para compartir con la comunidad el trabajo artístico y formativo que el grupo ha construido durante estos años.
c)| Redacción y fotografías: Diego Figueroa. Edición El Cénit.