c)| Espacio cultural: «Entre líneas y versos», un proyecto de Arte y Cultura de UNASA, Escrito por: Lcdo. Abraham Rodríguez.
Hace unos días, movido por la curiosidad y por un video que vi en TikTok, despertó en mí la necesidad de tener un sello “Ex Libris”. Pensé que obtener uno sería más complicado, pero en cuestión de días ya lo tenía conmigo. La experiencia fue sensacional: era como transportarse al Renacimiento, casi como si Johannes Gutenberg y yo estuviéramos conectados en ese acto tan artesanal de impregnar tinta sobre un diseño en caucho.
Esta vivencia me despertó un par de interrogantes:
¿De dónde surgen los sellos Ex Libris?
¿Cuál es su importancia en estos tiempos?
Después de investigar, encontré algunas respuestas que quiero compartir.
El término “ex libris” proviene del latín y significa literalmente “de entre los libros de”. En esencia, el sello indica quién es el propietario del libro. Por eso, los ex libris suelen incluir información sobre el dueño, acompañada de una ilustración que puede ser un escudo, símbolos gremiales, elementos profesionales, motivos humorísticos o religiosos, aficiones e incluso rasgos de la personalidad del lector.
La historia del ex libris se remonta a civilizaciones antiguas. Los egipcios, por ejemplo, utilizaban sellos personalizados para marcar los rollos de papiro en sus bibliotecas. Sin embargo, el ex libris moderno comenzó a tomar forma en la Europa medieval, cuando monasterios y universidades necesitaban identificar sus libros como parte de su patrimonio.
El primer ex libris documentado aparece en el siglo XV, en plena era de Gutenberg. Se trata del ex libris de Hilprand Brandenburg de Biberach, perteneciente a un monje amante de los libros, considerado el más antiguo de Europa. Su propósito era claro: identificar al propietario y evitar pérdidas o robos en una época en la que los libros eran bienes escasos y sumamente valiosos.
En la península ibérica, el primer ex libris conocido perteneció al rey Fruela I de Asturias, hijo de Alfonso I. Con la llegada de la imprenta en el siglo XV, la producción de libros se multiplicó y los ex libris se popularizaron. Las nuevas técnicas de estampación dieron vida a diseños más elaborados. El primer ex libris impreso con métodos modernos perteneció a Hanns Igler, un capellán de origen bárbaro, cuyo sello llevaba la frase: “Hanns Igler te da un beso de erizo”.
Los libros físicos, con sus páginas llenas de historias y conocimientos, son también objetos de arte que merecen ser celebrados.
Los ex libris tienen además un valor simbólico. Reflejan la identidad y los gustos del propietario. Colocar un ex libris en la biblioteca personal es casi un acto de amor por la lectura y un homenaje a la cultura impresa. Su relevancia ha sido tal que existen concursos y exposiciones dedicados exclusivamente a su diseño, donde artistas de todo el mundo despliegan su creatividad.
Ya seas amante de los libros o simplemente alguien que quiere dejar una huella personal en su biblioteca, el ex libris es una tradición que vale la pena preservar.
