Escrito por: Doctor Martín Oswaldo Portillo Linares, Docente tiempo completo de la Escuela de Medicina UNASA.

A nivel mundial se conmemora el Mes de los Cuidados Paliativos, los cuales son un conjunto de procedimientos médicos, con una filosofía de atención basada en los valores como: empatía, dignidad, espiritualidad y respeto hacia la vida, en su etapa final y consisten en brindar una mejor calidad de vida al paciente en situación de enfermedad o complicación de la salud del paciente; esto nos hace reflexionar sobre el tema que al llegar al final de la vida, es finalizar un ciclo en esta tierra. Por lo que el paciente tendrá la necesidad de un apoyo físico, social, emocional y espiritual y será necesario el acompañamiento integral.

Es de importancia trascendental entender y comprender el dolor físico; el sufrimiento emocional y espiritual, además del entorno familiar del paciente en esta condición médica.

Ante esto, surge una incógnita en el profesional de la salud: ¿Cómo debemos mantener la humanización en cuanto al trato y manejo del paciente en situación de últimos días?

Los cuidados paliativos tratan al paciente de manera integral mejorando su calidad de vida y al mismo tiempo de sus familias, haciendo sentir al paciente digno, confortable y valioso para sus seres queridos, sin la sensación estresante de temor hacia la muerte.

La empatía es una de las herramientas terapéutica efectivas para mejorar dicha condición. Comprender el dolor del otro, ponerse en su lugar y la escucha activa son herramientas para mejorar el bienestar del paciente y acompaña a mejorar los tratamientos farmacológicos.

Un gesto amable como una sonrisa, una palabra de aliento de “cómo estás” o simplemente una presencia tranquila ayudan a reconfortar profundamente al paciente vulnerable y temeroso ante el sufrimiento.

La medicina moderna debe incluir, con todos sus avances tecnológicos, la parte emocional y espiritual del paciente para que sea en esencia una medicina con el valor del trato humano.

Se debe reconocer y valorar el trabajo de los diferentes profesionales en las diferentes ramas de la salud que se dedican a esta noble labor. Los profesionales de cuidados paliativos son personas entrenadas para tener una vida saludable física y emocional para poder transmitir esa sensación de confianza hacia el paciente y su entorno familiar. Convirtiéndose en un apoyo valioso para el manejo del dolor físico y espiritual, enfrentando cada día situaciones difíciles de atender, acompañando el dolor ajeno con serenidad, empatía como si no existiera ningún problema aparentemente, implicando muchas veces involucrarse emocionalmente, ante familias devastadas, sin ninguna oportunidad de aliento o alivio del dolor espiritual.

El impacto de los cuidados paliativos se enfoca en el paciente; aliviando el sufrimiento de él y su familia. Por medio de la orientación, el apoyo emocional y la comunicación clara y efectiva, los equipos multidisciplinarios de salud dan soporte además del paciente a los familiares para comprender el proceso y a encontrar consuelo.

La práctica de los cuidados paliativos nos invita a una reflexión y actuar de una manera más directa hacia lo que hacemos. Por lo que nos hacemos las siguientes interrogantes: ¿Cómo tratamos el dolor, la enfermedad y la muerte? ¿Cómo tratamos al paciente, su familia y el duelo? ¿Fomentamos valores espirituales desde que estamos pequeños? Los cuidados paliativos nos enseñan que enfrentar el dolor con compasión comprometida como personal de salud y ver al paciente desde una perspectiva humanista, ante la sociedad. Nos recuerdan que toda persona enferma, con su fragilidad, conserva su valor y merece respeto, consuelo y amor traducido en acción.

Al conmemorar los cuidados paliativos, se pretende: sensibilizar y promover una cultura del cuidado compasivo. Las instituciones de salud, las universidades y las comunidades deben practicar la sensibilidad en todo momento y resaltar esta práctica en el mes de octubre, recordando que la vida y lo espiritual van de la mano y bajo esta perspectiva, hay que entender los dos tipos de dolor (Físico y emocional), que sufre el ser humano, ante un suceso inesperado.

Es bueno recordar que aliviar el dolor físico y espiritual es un compromiso de humanidad. No solo es el hecho de dar un tratamiento médico, sino de brindar acompañamiento, comprensión y consuelo. Cada persona que trate a un paciente en fase final de vida, debe hacerlo con respeto, empatía, compasión y amor.

Los cuidados paliativos nos muestran que la vida conserva su valor hasta el último instante, y que cada ser humano merece ser tratado con dignidad, respeto, amor y equidad sin importar su condición, física, económica, ni su forma de pensar. Fomentando una visión de responsabilidad, respeto por parte del personal de salud, y las personas de su entorno social.

El dolor físico y espiritual se debe tratar según sea el caso, y no verlo como una persona enferma más, que hay que cuidar, es una misión profundamente humana, que se debe identificar con el ser humano en toda su esencia.

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