La fisioterapia pediátrica no solo implica técnicas terapéuticas dirigidas a los niños, sino también un proceso de orientación y educación hacia la familia o los cuidadores quienes desempeñan un rol clave en su tratamiento y evolución.

¿Qué espera usted al traer a su hijo a terapia? Es una pregunta que se le realiza a los padres de familia que asisten por primera vez a la evaluación de fisioterapia, con su hijo que posee alguna discapacidad o riesgo de discapacidad. Las respuestas siempre giran en torno a frases como: “quiero que mi hijo mejore”, “quiero que logre sentarse”, “que sea independiente”; y conmueve el escuchar la frase “quiero verlo ser como los demás niños de su edad” manifestando diversas justificaciones que reflejan culpa o ansiedad: “porque tiene un primo que ya camina y mi hijo es mayor, y aún no lo logra”, “porque quiero volver a trabajar y por cuidarlo a él, ¡no puedo!”.

Conocer estas respuestas permite al fisioterapeuta comprender las expectativas de los padres de familia y con base en los resultados de la evaluación realizada, explicar de forma detallada cuáles son los objetivos funcionales y alcanzables que pueden plantearse para sus hijos, los cuales pueden estar orientados al desarrollo motriz, la integración sensorial, la independencia de las actividades de la vida diaria o prevención de complicaciones secundarias; pero, para alcanzarlos es necesario realizar trabajo en equipo en el que se une el esfuerzo del paciente, el fisioterapeuta y la familia.

En ese sentido, surge una pregunta particularmente importante de abordar: ¿Cuál es el rol del fisioterapeuta al atender a un paciente pediátrico con discapacidad o en riesgo de desarrollarla? Su función va mucho más allá de ejecutar un plan de tratamiento durante una sesión semanal de treinta o cuarenta minutos, pues la fisioterapia no actúa como un fármaco cuya eficacia depende de una dosis regular, sino que exige constancia, compromiso, esfuerzo continuo y participación activa de los actores.

En contextos donde el sistema de salud presenta alta demanda y los recursos son limitados, existe dificultad para brindar atención fisioterapéutica con la frecuencia ideal, la continuidad del proceso recae, en gran medida, en los padres o cuidadores. Son ellos quienes deben dar seguimiento a lo trabajado en terapia, convirtiéndose en piezas clave para lograr avances significativos en el desarrollo del niño. En este escenario el fisioterapeuta asume también el rol de educador, orientado primero a concientizar a los padres de familia sobre la importancia del seguimiento de las indicaciones en el hogar ya que esto marcará la diferencia en el cuidado y desarrollo del paciente; y luego a enseñar de manera adecuada del seguimiento terapéutico domiciliario.

No obstante, esto es algo que no debe tomarse a la ligera, puesto que existen posturas profesionales que cuestionan la participación familiar directa en la aplicación de ciertas técnicas argumentando que “los familiares no son fisioterapeutas y por lo tanto no están capacitados para manipular a los pacientes” lo que hace referencia a que puede existir una mala práctica al momento de aplicar alguna técnica de tratamiento al niño en casa.

Sin embargo, la experiencia nos dice que, si bien es cierto los padres, madres y/o cuidadores no son profesionales graduados de una universidad que acredite sus competencias en el campo de la rehabilitación, son ellos quienes tienen contacto la mayor parte del tiempo con el paciente y quienes serán los terapeutas de sus hijos a largo plazo. ¿Qué implica esto? que es necesario que el padre de familia comprenda claramente las indicaciones brindadas, en ese sentido el fisioterapeuta tiene la responsabilidad de tomarse el tiempo de socializar y explicar las indicaciones, precauciones y contraindicaciones en un lenguaje comprensible para el padre de familia; para facilitar este proceso puede apoyarse de material audio visual, sesiones de retroalimentación o seguimiento telefónico; una estrategia efectiva ya implementada en otros contextos es el desarrollo de programas de entrenamiento en casa acompañados de orientación profesional. Los estudios han señalado que este tipo de programa puede suponer una carga considerable para la familia y que su éxito depende de múltiples factores, en este sentido, Verhaegh et al. (2022) destacan que el acompañamiento profesional continuo, particularmente del fisioterapeuta es clave para aliviar la sobrecarga parental como para fortalecer la motivación y sentido de competencia del cuidador. Asimismo, observar mejoras funcionales en sus hijos a través de videos grabados en casa incrementa el compromiso de los padres con el tratamiento. Los autores también subrayan que recibir comentarios positivos por parte del terapeuta resulta un estímulo importante para la perseverancia y la actitud favorable del cuidador hacia la intervención.

En coherencia con este rol formativo, también deberá observar el cumplimiento de las indicaciones, no para evaluar el desempeño de los padres, sino de garantizar que la fisioterapia domiciliar se está realizando adecuadamente; esto es brindar seguimiento, para ello es importante pedirle al padre de familia que demuestre la forma en que trabaja con su hijo en casa para que durante su observación se detecte si se están siguiendo las indicaciones adecuadamente o existen aspectos que se puedan mejorar; con el transcurso del tiempo los padres adquieren experiencia y dominio de ciertas técnicas y este  aprendizaje se traduce directamente en un beneficio para el paciente.

Desde esta perspectiva, el fisioterapeuta no debe centrar su atención exclusivamente en el paciente, aun cuando este represente el eje principal de la triada terapéutica sino también en los padres y/o cuidadores quienes garantizan el seguimiento y efectividad del proceso terapéutico a través de la práctica diaria desde casa. Asimismo, en esta era digital, es parte de la responsabilidad del fisioterapeuta educar y orientar a los padres o cuidadores sobre la información que consumen en redes sociales. Con frecuencia, circulan en estas plataformas videos o consejos sobre técnicas de tratamiento que pueden no ser apropiadas para todos los casos. Es fundamental que los familiares comprendan que cada paciente tiene necesidades específicas que deben ser evaluadas por un profesional. Por ello, el fisioterapeuta elabora un plan de tratamiento individualizado, basado en una evaluación clínica integral. Promover este criterio crítico en los cuidadores contribuye a evitar prácticas inadecuadas, previene riesgos innecesarios y fortalece la confianza en el proceso terapéutico profesional.

La atención pediátrica, especialmente en el contexto de la discapacidad, implica una visión integral que considere no solo las necesidades del niño, sino también las del entorno familiar que le acompaña. En este sentido la implicación constante del cuidador o familiar, aunque es esencial, a largo plazo puede traducirse en sobrecarga física que lo expone al riesgo de desarrollar alguna patología musculoesquelética derivada de una mala postura o lesiones por esfuerzo repetitivo; por esta razón dentro de su función educativa el fisioterapeuta tiene la responsabilidad de orientar al cuidador en aspectos como la higiene postural y la ergonomía. Esta educación es preventiva y busca preservar la salud física del cuidador, garantizando no solo su bienestar, sino la sostenibilidad del cuidado que brinda al paciente. Cuidar al cuidador también es parte de cuidar al paciente.

En conclusión, alcanzar los objetivos terapéuticos planteados requiere de un trabajo articulado entre paciente, padre de familia o cuidador y fisioterapeuta. Cada uno realizando su trabajo desde donde corresponde con compromiso, promoviendo el trabajo en equipo, la comunicación efectiva y la constancia. El fisioterapeuta no puede limitarse a lo que sucede durante la terapia, sino que debe ampliar su mirada considerando al paciente como un ser biopsicosocial, esto permitirá un mayor beneficio para esta población tan vulnerable.

El verdadero impacto de la fisioterapia pediátrica ocurre cuando el profesional se convierte también en formador y las familias en agentes activos del proceso terapéutico.

Norma Arely Velásquez de Cordero

Licenciada en Fisioterapia y Máster en Profesionalización de la Docencia Superior

Docente tiempo completo de la Escuela de Fisioterapia, UNASA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *