El Festival Internacional de Arte y Literatura de Santa Ana de UNASA es, sin duda, un dínamo de experiencias significativas. Desde el contacto con artistas, poetas, escritores y gestores culturales, hasta la coordinación de espacios para los distintos eventos, el festival se convierte en una plataforma de encuentro y creación. Todo esto es posible gracias a la construcción y el fortalecimiento de alianzas estratégicas con diversas instituciones que se suman a esta fiesta del arte y la palabra.

Como parte del equipo de Proyección Social y Extensión Universitaria de UNASA, donde este festival se sueña y se mueve, siempre termino la jornada con el corazón lleno. Una de las cosas que más me emocionan es el intercambio cultural con los artistas, esa posibilidad de crear lazos que, a pesar del tiempo y la distancia, permanecen.

Una de esas experiencias memorables ha sido el encuentro con Alejandra Domínguez, escritora, guionista y profesora mexicana. Conversar con ella es una oportunidad enriquecedora: se puede pasar de hablar del clima a discutir contextos sociopolíticos, y en medio de preguntas y respuestas, recibir una auténtica cátedra de historia.

En esta ocasión, me permito compartir una parte de su obra en formato de microficciones, porque, como ella bien lo demuestra, no hace falta un océano de palabras para provocar una tormenta. En el universo de la literatura, los microcuentos son pequeñas cápsulas de asombro, breves, precisas y, sin embargo, capaces de contener un mundo entero en unas pocas líneas.

En la siguiente compilación, Alejandra nos invita a mirar el mundo desde múltiples ángulos: lo íntimo, lo absurdo, lo trágico y lo entrañable. Sus microficciones, breves pero contundentes, abordan temas como el amor, la identidad, la violencia de género y las contradicciones de lo humano, todo con una economía de palabras que sorprende y sacude. Con ironía fina, sensibilidad punzante y una honestidad sin maquillaje, cada texto nos confronta, nos arranca una sonrisa o nos deja en silencio. Les invito a pasar y leer:  

MINI FICCIONES

AUTORA: ALEJANDRA DOMINGUEZ. PUEBLA, MEXICO

Amores que matan

Y,   ¿Cómo es él? 

Un morenito guapo, de ojos verdes, tatuado. 

¿En qué lugar se enamoró de ti? 

En el Bar Oasis en Tlalpan, donde trabajo 

¿De dónde es? 

De Aragua, Venezuela. 

¿A qué dedica el tiempo libre? 

Escribe en una libreta lo que le deben 

Pregúntale por qué ha robado un trozo de mi vida 

No ha robado. Ahora que salga de Almoloya nos vamos a casar.

Presencia 

Se fue la lluvia y te quedaste tú

Dinotrushka

Cuando despertó, el dinosaurio se dio cuenta que dentro de él había otro dinosaurio  y dentro, otro, y así hasta el infinito.

Sucesión 

El camarlengo murió envenenado aquella mañana. Había elegido por equivocación el té que él mismo había preparado para su santidad.

8 de marzo  I

Vine a la marcha y dejé encerradas a mis hijas en la casa 

8 de marzo II 

Vine a la marcha para reclamar a mi hija, extraviada hace 3 años. Ahí estaba entre la multitud: el mismo pelo castaño, mismo tamaño. Me vio con profunda tristeza. No me reconoció; se esfumó una vez más.

8 de marzo  III

Vine a la marcha porque me dijeron que encontraría la  Asociación “Madres de Mujeres Asesinadas”. No las encontré. Al parecer, también a ellas las mataron. 

8 de marzo  IV

Vine a la marcha para vestirme de morado y subir mis fotos al Instagram. Casi llegando a Reforma, un tipo me sacó una navaja y se llevó mi teléfono. No vuelvo a venir. 

8 de marzo  V

Vine a la marcha porque mi padrastro me violó desde que tenía cinco años. Ahora está muerto. Me da mucha vergüenza reconocer que lo extraño. 

8 de marzo  VI

Vine a la marcha porque me han empezado a crecer flores en la piel; no son tatuajes, sino violetas reales que florecen en la misma medida en que me valoro. 

8 de marzo VII

Vine a la marcha para ver si ligo algo. Me encantan las mujeres. Soy cero feminista. 

8 de marzo VIII

Vine a la marcha porque me invitaron mis dos mejores amigas. Al final, sus novios no las dejaron venir. Me quedé sola. 

8 de marzo  IX

Fui a la marcha y vi miles de mujeres golpeadas. Amanecí llena de moretones: en el cuerpo, en la cara. Los que más me preocupan son los cientos de puntos violáceos en la parte blanca de mis ojos.

Gato sin botas 

Cuando, por fin, logró comerse al ogro convertido en ratón, el Gato con Botas volvió a su casa. Feliz, se quitó el estorboso calzado. Qué maravilla usar lo que sí le gustaba: preciosos tacones color carmín que lo hacían verse más guapo y mucho más alto. 

Taxidermista 

Uno de los trabajos que más me satisfizo fue el del camello favorito del emir de Dubai. Sin embargo, para mí el más logrado es el de mi última esposa: la coloqué de pie junto a la ventana del departamento y detrás de una cortina de gasa, viendo pasar la vida con sus ojos de cristal.

Príncipe fake

Encontré a mi príncipe azul; lo malo fue que a la tercera lavada se volvió gris.

Dieta ideal

Desayuna como rey, come como príncipe y cena como pitufo.

Duende Encontré dulces en mi salón de clase sobre el librero y me los comí sin saber de quién eran. Sergio, uno de mis alumnos, me vio y advirtió que eran del duende. Esa noche llegué a mi casa, llovía, descubrí minúsculas pisadas. Al principio pensé que eran de mi gato, pero viéndolas bien, tenían clara forma de zapatos minúsculos. Hablé con la directora. Ella les permitió llevar un muñeco duende para que les ayude con sus exámenes. Está colocado entre los libros, casi imperceptible. Mientras daba mi clase, no me quitaba los ojos de encima. Le devolví todos sus dulces, pero las pisadas no desaparecen. Cuando vuelvo por las tardes las encuentro en la sala, en mi cuarto, en el baño y se multiplican cada vez más

Espacio cultural: “Entre líneas y versos” 

Un proyecto de Arte y Cultura de UNASA.

Escrito por Lcdo. Abraham Rodríguez.

Compilación: Alejandra Domínguez, mexicana.

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