Antes de acudir a un sastre, muchas personas optan por alquilar un traje para una ocasión especial o comprar uno en tiendas de segunda mano a un menor precio.

Durante muchos años, la sastrería ha sido sinónimo de elegancia y buen vestir. Sin embargo, con el auge de los emprendimientos y las tiendas dedicadas a la venta de ropa de segunda mano, este oficio ha comenzado a decaer.

Un ejemplo de esta situación es la sastrería Don Georgi, un taller ubicado en Santa Ana que, después de 74 años, sigue dedicado a la confección de prendas masculinas. En el taller se elaboran pantalones, camisas, uniformes y trajes completos.

No obstante, su fundador, don Jorge, reconoce que el sector atraviesa un momento difícil y que su negocio sigue vigente gracias a la fidelidad de sus clientes. “La gente me conoce, entonces la gente me busca, porque, de lo contrario, quizás ya hubiera cerrado”, comentó.

Debido a esta situación, incluso ha tenido que reducir el número de trabajadores en el taller. Hasta hace un tiempo contaba con siete colaboradores, pero actualmente solo él y dos personas más se hacen cargo del negocio.

También lamenta que los jóvenes no consideren este oficio como una opción de empleo formal. “Muchas veces dicen: ‘No, eso no me interesa’”, manifestó el sastre.

La confección de trajes requiere tiempo, dedicación y destreza para cumplir con las exigencias de los clientes. 

La población reconoce que el oficio de la sastrería se ha reducido en los últimos años. “La verdad es que sastres ya casi no se miran, yo tengo muchos años de no mandar a que me hagan un pantalón”, manifiesta William Alarcón.

Por su parte, Carlos Ramírez dice que “ahora ya no es tan exigente usar ropa formal, incluso a las entrevistas de trabajo uno puede ir menos elegante. Antes sí, para cualquier evento se necesitaba llevar saco”.

La santaneca Maritza Rosales, reconoce la importancia de la sastrería en la confección de prendas de vestir. “Las costureras solo se dedican a cortar y pegar, los sastres trabajan más detalladamente las prendas”, consideró;  al tiempo que lamentó que cada vez los sastres son más escasos, “uno que otro se encuentran en el mercado”, dijo. 

A pesar de que, a diferencia de los talleres de costura, las sastrerías son difíciles de encontrar, muchos hombres siguen prefiriendo esta opción, ya que el trabajo se adapta a sus gustos y necesidades.

“Prefiero mandar a hacer los trajes porque hay ciertas características que me gustan en los pantalones y que, la mayoría de las veces, cuando uno los compra, no las tienen (…) También puedo elegir la tela, el color y los detalles”, explica el santaneco Humberto Portillo.

Cada vez más, la demanda de los servicios de sastrería parece estar disminuyendo. Para don Jorge, este oficio sigue vigente gracias a la tradición y a las recomendaciones de sus clientes.

Escrito por: Lilian González.

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